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Monasterio de El Escorial

El Monasterio de El Escorial

El Monasterio, construido por orden de Felipe II, es tributo a una batalla, a una dinastía y a la fe cristiana.

Levantado en el siglo XVI, muchos desconocen sus secretos. Qué dio origen a este panteón real considerado la octava  maravilla del mundo es sólo uno de ellos. 

Fachada principal del Monasterio de El Escorial

En la Carta que Felipe II escribe al general de la orden jerónima, el 16 de Abril de 1561, se exponen los motivos que le llevan a construir el Monasterio del Escorial: El reconocimiento por la victoria de San Quintín, que tuvo lugar el día de San Lorenzo de 1557 y el deseo de erigir un mausoleo en memoria de sus padres y de él mismo, puesto bajo la advocación de San Lorenzo.

La obra se inicia con el arquitecto Juan Bautista de Toledo en 1563, pero a su muerte en 1567 la continúa su discípulo Juan de Herrera, hasta 1584, año en que se termina la construcción del Monasterio. Este arquitecto reforma el proyecto anterior y crea un estilo propio, denominado herreriano, caracterizado por la desnudez decorativa y el rigor geométrico.

La fachada principal, orientada al oeste, tiene dos portones laterales que se corresponden con la entrada al colegio Alfonso XII y al convento agustiniano. En el centro de la fachada, entre seis columnas dóricas, se sitúa la entrada principal del edificio, coronada por un cuerpo de columnas jónicas, entre las que destacan el escudo familiar de Felipe II y una colosal estatua de San Lorenzo, tallada en granito por Juan Bautista Monegro.

Felipe II observando la construcción del monasterio

En su interior destacan el Patio de Reyes, la Basílica, la Biblioteca, el Panteón de Reyes, el Panteón de Infantes, los Palacios, y las Salas capitulares, entre otros espacios. De obligada visita son la Pinacoteca y el Museo de Arquitectura.

En 1931 el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial obtuvo la declaración como Monumento Histórico-Artístico y en 1984 fue reconocido por la UNESCO como obra de Patrimonio Mundial.

El Monasterio de El Escorial fue considerado, desde finales del siglo XVI, la Octava Maravilla del Mundo, tanto por su tamaño y complejidad funcional como por su enorme valor simbólico. Su arquitectura marcó el paso del plateresco renacentista al clasicismo desornamentado. Obra ingente, de gran monumentalidad, es también un receptáculo de las demás artes.

Sus pinturas, esculturas, cantorales, pergaminos, ornamentos litúrgicos y demás objetos suntuarios, sacros y áulicos hacen que El Escorial sea también un museo. Su compleja iconografía e iconología ha merecido las más variadas interpretaciones de historiadores, admiradores y críticos. El Escorial es la cristalización de las ideas y de la voluntad de su impulsor, el rey Felipe II, un príncipe renacentista.

Vista sur del monasterio con sus jardines

Siguiendo los designios de Carlos V

El edificio surge por la necesidad de crear un monasterio que asegurase el culto en torno a un panteón familiar de nueva creación, para así poder dar cumplimiento al último testamento de Carlos V de 1558. El Emperador quiso enterrarse con su esposa Isabel de Portugal y con su nueva dinastía alejado de los habituales lugares de entierro de los Trastamara.

En homenaje a la victoria de San Quintín

El 10 de agosto de 1557, en el marco las guerras italianas, las tropas españolas doblegaron a las francesas en la batalla de San Quintín en lo que fue una victoria decisiva para el Reino de España. Tras haber sido invadido en 1556 el Reino de Nápoles por las tropas francesas del duque de Guisa, Felipe II ordenó a las tropas españolas que se encontraban en los Países Bajos españoles invadir Francia. La guerra abierta entre Enrique II de Francia y Felipe II de España entraba en su fase crucial.

Una parte de las tropas españolas eran soldados de los Tercios viejos de Nápoles, por entonces bajo soberanía española. Sumando a las bajas en combate la matanza de huidos, que fue muy considerable, se calcula que el ejército francés perdió unos 12.000 hombres, resultando prisioneros otros 6000 y 2.000 heridos más. Al conocer el resultado de San Quintín, Felipe II se mostró apenado por no haber estado presente en la batalla y decidió celebrar la victoria ordenando la construcción del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, que lleva su nombre por coincidir la victoria española con la el día de la onomástica de San Lorenzo.

Una de las razones de Felipe II para levantar el monasterio: “Para sostener y mantener estos nuestros Reinos es su sancta Fee y Religión, y en paz y en justicia”.

Y un centro unificador de la nueva fe

La Carta de Fundación, firmada por Felipe II el 22 de abril de 1567, cuatro años después del comienzo de las obras, señalaba que el Monasterio estaba dedicado a San Lorenzo, pero no mencionaba directamente la batalla de San Quintín, probablemente para evitar citar una guerra como motivo de fundación de un edificio religioso. Se “fundó a devoción y en nombre del bienaventurado San Lorenzo por la particular devoción” al santo del rey y “en memoria de la merced y victoria que en el día de su festividad de Dios comenzamos a recibir”. Las “consideraciones” que cita el rey fueron el agradecimiento a Dios por los beneficios obtenidos, por mantener sus reinos dentro de la fe cristiana en paz y justicia, para dar culto a Dios, para enterrarse en “una cripta” el propio rey, sus mujeres, hermanos, padres, tías y sucesores, y donde se dieran continuas oraciones por sus almas:

•Reconocimiento de los “muchos y grandes beneficios que de Dios nuestro Señor habemos rescibido” y “cuanto Él ha encaminado y guiado los nuestros hechos, e los nuestros negocios a su santo servicio”.

•Por “sostener y mantener estos nuestros Reinos es su sancta Fee y Religión, y en paz y en justicia”.

El San Lorenzo, de Juan Bautista Monegro, presidiendo la entrada principal al monasterio

•Porque a Dios le agrada que le edifiquen y funden iglesias “donde su sancto nombre se bendice y alaba” y donde los religiosos den ejemplo de fe.

•Para que “interceda Dios Nuestro Señor por Nos e por los reyes nuestros antecesores e subcesores, e por el bien de nuestras ánimas”.

•Para seguir la orden dada por el Emperador “en el cobdecilo en el que nos cometió y remitió lo que tocaba a su sepultura y a la de la Emperatriz y Reina, mi señora y madre”.

•Y para que “por sus ánimas se hagan y digan continuas oraciones, sacrificios, conmemoraciones e memorias”.

En otras palabras, Felipe II pretendía darle a Dios un lugar donde alabarle y agradecerle su intervención en San Quintín, intercediendo de paso por sus familiares. El monarca no quiso una iglesia para los fieles, sino darle a Dios una morada bajo la cual enterrar a su extensa familia. Tampoco se pueden desdeñar otras razones para fundar el Monasterio, como la celebración de la primera victoria de Felipe II como rey, la afrenta que la mención a la Batalla de San Quintín -que se libró a apenas ciento cincuenta kilómetros de París- suponía hacia Francia, la veneración al mártir español San Lorenzo en unos tiempos en los que la Reforma atacaba el culto a los santos y a las reliquias, o la necesidad de crear un centro unificador de la nueva fe que surgía del Concilio de Trento.

El monasterio, ubicado a los pies del monte Abantos al noroeste de Madrid, es también el panteón familiar que solicitó en su último testamento Carlos V en 1558Imágenes del
El Monasterio de El Escorial como nunca lo has visto

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Redacción Información y Ocio